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Anti-HB 56 RallyConcentración Contra HB 56

Ellin Jimmerson, Message

“An Open Letter to Gov. Robert Bentley, Sen. Scott Beason, and Sen. Mickey Hammon About HB 56.” Peaceful Rally and Interfaith Prayer Walk Sunday, July 10, 2011, 6:30-9:30 PM, Big Spring Park, Huntsville, AL, USA.

This letter also was printed in the Huntsville Times, the Mobile Press-Register, and the Montgomery Advertiser.

“Hello.

I want to speak this evening with everyone gathered here tonight, but also with Gov. Bentley, Sen. Beason, Rep. Hammon and those members of the Alabama Legislature who supported HB 56.

I first felt called to make a migrant justice documentary called The Second Cooler because I was heartbroken for the families, especially the mothers, whose children died under the blazing Arizona sun as they were trying to cross the heavily militarized border into the United States.

Through a terrible twist of fate, I joined them in grief.

On the night of April 17, 2009, my sixteen year old daughter, Leigh Anna, and her precious boyfriend were killed by a drunk driver in Huntsville. The car exploded on impact and Leigh Anna’s tiny body was consumed by flames. The driver was an undocumented migrant from Mexico.

My family and I lost a lot that night. A daughter, an only sister, a granddaughter, the son-in-law we might have had, grandchildren, an aunt, cousins. And on that fiery night we became one of the broken families with broken hearts and broken dreams.

One of my favorite memories of Leigh Anna was the day, about two years before her death, when she went with me to Athens. The Ku Klux Klan was holding an anti-immigrant protest. We went to participate in a counter-protest. And I remember her holding a neon-yellow sign, as big as she was, that had one word written on it in big, black letters: LOVE.

I have my memories, but I grieve and I grieve and I grieve.

There is nothing special about my grief. It is no different from that of the young mother in Huntsville whose infant was suffocated by an anxious coyote in that treacherous southwestern desert. Or the grandparents of other children who have died of the brutal cold there, alone and scared. Or of the children whose fathers have been snatched from them and put into deportation. Or the mothers now making plans for someone else to take their children if they should be deported.

And I am reminded of Mary, prostrate with grief at the foot of her crucified son. And I am reminded that recklessness does not belong only to drunk drivers. Or to police officers engaged in high-speed chases.

Recklessness also belongs to the powers, princes, and potentates who wash their hands of the grieving people they accept as the collateral damage of their policies and programs. Who wash their hands of the broken families, broken hearts, and broken dreams.

And as I think long thoughts about Leigh Anna and that reckless night, I recall that I worship the God who said, “No!” to Pharaoh and his recklessness. The God who said, “No!” to Nebuchadnezzar and his recklessness. The God who said “No!” to Caesar and his recklessness.

I worship the God of the Exodus, the God of protection for those in fiery furnaces, the God of Resurrection. The God who takes sides with the broken families, broken hearts, and broken dreams. The God who defies expectations and delights in dramatic reversals.

I remember Saul on the road to Damascus who heard a voice saying, Saul, “Why do you persecute me?” And he encountered himself in that profound moment and Saul became Paul, announcing the reality of the God who had effected the dramatic reversal, the dramatic “No!” to Caesar, the dramatic Resurrection.

And I recall John Newton, steering his deadly ship filled with desperate, grieving human beings bound for slavery. And that in an unexpected moment John Newton encountered himself on that stormy sea, encountered his own recklessness, turned around his ship with its cargo of broken families, broken hearts, and broken dreams unsold, and wrote those endlessly beautiful words, “Amazing grace, how sweet the sound, that saved a wretch like me. I once was lost but now I’m found, was blind but now I see.”

Gov. Bentley and members of the Alabama Legislature, HB 56 is a deadly ship you are steering, a ship filled with nothing but more broken families, more broken hearts, and more broken dreams. In your heart of hearts you know this. You know you are being reckless with other people’s lives. I am asking you to encounter yourselves as did Paul and John Newton and turn this deadly grief-bearing ship around.

I am asking you to convene a special session, honor the God whom you say you worship, and repeal HB 56.

Before we end this event, I would like to ask that we observe a moment of silence. A moment of silence for all the ones who have already lost their lives or loved ones to death, separation, or deportation. Especially, I would like to ask that we observe a moment of silence for all the children in Alabama grieving and afraid tonight because of HB 56.

Thank you.”

©Ellin Jimmerson, 2011Ellin Jimmerson, Mensaje

“Una carta abierta al gobernador Robert Bentley, senador Scott Beason, y senador Mickey Hammon sobre HB 56.” Manifestación pacifica y caminata de oración interconfesional Domingo, 21 de agosto, a partir las 2 hasta las 4 en la noche en El Parque Big Spring Huntsville, AL, EE. UU.

Esta carta también fue publicada en los periódicos el Huntsville Times, el Mobile Press-Register, y en el Montgomery Advertiser.

” Hola. Soy una pastora a la comunidad con la iglesia bautista Weatherly Heights. También soy una cineasta haciendo una película documental sobre justicia migrantes llamada La Segunda Nevera.

Quiero hablar con todos los quien están aquí esta noche, pero también quiero hablar con el gobernador Bentley, el senador Beason, el representante Hammon y todos los miembros de la legislatura de Alabama quienes apoyaron la ley HB 56.

Desde el principio, cuando tuve un llamado de Dios, quisiera a hacer La segunda nevera por que mi corazón se rompió para las familias, especialmente para las madres cuyos hijos murieron debajo del sol fatal en Arizona durante tratando cruzar la frontera fuertemente militarizada con el fin de entrar en los Estados Unidos.

Por que un giro de destino terrible, me uni a ellos en el dolor.

En la noche del diecisiete de abril de dos mil nueve, mi hija de dieciséis años, que se llamaba Leigh Anna, y su novio muy querido, fueron asesinados por un conductor ebrio en Huntsville. El carro explotó en el impacto y el cuerpo diminuto de Leigh Anna fue consumido por las llamas. El conductor fue un migrante indocumentado de México.

Mi familia y yo perdido mucho esa noche. Una hija, una única hermana, una nieta, el yerno podríamos haber tenido, nietos, una tía, sobrinos. Y en esa noche de fuego nos convierten en una de las familias rotas con el corazón roto y sueños rotos.

Uno de mis recuerdos favoritos de Leigh Anna fue el día, cerca de dos años antes de su muerte, cuando me acompaño a Athens. El Ku Klux Klan tenía una protesta contra los migrantes. Fuimos para participar en una contra-protesta.

Y recuerdo de ella con un cartel amarillo neón, tan grande como ella era, la que había una sola palabra escrita en el en letras grandes y negro: AMOR.

Yo tengo mis recuerdos pero me duele y me duele y me duele.

No hay nada especial acerca de mi dolor. No es diferente de la joven madre en Huntsville cuyo bebé fue sofocado por un coyote en ese traicionero desierto del suroeste.

O de los abuelos de otros niños que han fallecido por que el frío brutal allí, solo y asustado.

O los niños cuyos padres han sido arrebatados de ellos y puesto en deportación.

O las madres ahora a hacer planes para otra persona tome sus hijos si deben ser deportados.

Y me acuerdo de María, postrado por el dolor a los pies de su hijo crucificado. Y me recuerdo que imprudencia no pertenece sólo a los conductores ebrios. O a los funcionarios de la policía involucrados en persecuciones a alta velocidad.

También pertenece a la imprudencia de los poderes, los príncipes y potentados que se lavan las manos de la gente afligida que aceptan como los daños colaterales de sus políticas y programas. Que se lavan las manos de las familias rotas, corazones rotos y sueños rotos.

Y como pienso que los pensamientos largos sobre Leigh Anna y esa noche imprudente, recuerdo que me adoran al Dios que dijo: “¡No!” a Faraón y su imprudencia. Al Dios que dijo: “¡No!” al rey Nabucodonosor y su imprudencia. Al Dios que dijo: “¡No!” al César y su imprudencia.

Yo adoro al Dios del Éxodo, al Dios de la protección de las personas en los hornos de fuego, al Dios de la resurrección. El Dios que toma partido por las familias rotas con corazones rotos y sueños rotos.

El Dios que supera las expectatives y se deleita en los retrocesos dramáticos.

Me recuerdo a Saúl en el camino a Damasco que escuchó una voz diciendo, “Saúl, ¿por qué me persigues?” Y Saúl se encuentra en ese momento profundo, llegando a ser Pablo, anunciando la realidad de Dios, que había efectuado el cambio dramático, el dramático “¡No!” al César, la resurrección dramática.

Y me recuerdo a John Newton, manejando de su barco llena de ser humanos despertados y en duelo con destino a la esclavitud. Y en un momento inesperado, John Newton se encontró en ese mar tempestuoso, se encontró su propia imprudencia, se dio la vuelta a su barco con su carga de familias rotas, corazones rotos y sueños rotos sin vender, y escribió esas palabras sin parar bella, “Gracia asombroso, ¡Qué dulce el sonido que salvó a un miserable como yo, una vez se perdió, pero ahora me encuentra, yo estaba ciego, pero ahora veo!”

Gobernador Bentley y los miembros de la legislatura de Alabama, HB 56 es un barco mortal que están manejando. Eso ya lo sabe. Usted sabe que está siendo imprudente con la vida de otras personas.

Gobernador Bentley y los miembros de la legislatura de Alabama, HB 56 es un barco fatal que están manejando, un barco llena con nada más que más familias rotas, más corazones rotos, y más sueños rotos. Eso ya lo saben. Saben que son imprudentes con las vidas de otras personas.

Yo estoy solicitando que se encuentra a sí mismos como lo hizo Pablo y John Newton. Le estoy pidiendo a la vuelta de este barco mortal llena con nada pero dolor.

Yo estoy solicitando que convoquen una sesión especial, honran al Dios a quien ustedes dice que adoran, y revocan el HB 56 en su totalidad.

Antes de terminar este evento, me gustaría pedir que guarden un minuto de silencio. Un minuto de silencio por todos aquellos que han perdido sus vidas o sus seres queridos a la muerte, la separación, o la deportación. Sobre todo, me gustaría pedir que guarden un minuto de silencio por todos los niños de Alabama de duelo y miedo esta noche por HB 56.

Gracias.

Traducido por Eleanor Wright

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