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Immigration Advocacy and The Danger of a Single StoryDefensa de Inmigración y el Peligro de Una Historia Única

1375008_749002288447085_1542879360_n-1The Second Cooler. The Movie. The Movement. With Martin Sheen.

“Nigerian novelist Chimamanda Ngozi Adichie gave a wonderful TED talk back in 2009 in which she described the danger of the single story. She told about how, as a young girl, the stories she wrote had characters in them who played in the snow, ate apples, drank ginger beer, and noticed how lovely it was when the sun came out. She wrote stories mimicking all the English stories she had been given to read. Those stories were what she thought stories were.

Later on at university, after she had learned to write stories born of the life of a Nigerian middle-class woman, a professor chastised her for not writing stories that were “authentically” Nigerian because her characters drove in cars and lived in the city.

And so she became deeply suspicious of the “single story.” By that she means that not all people who show up in literature eat apples and play in the snow and not all Nigerians walk here to there in rural areas. The single story is dangerous because it does not allow for any of the complexity that makes human beings human. And it does not allow for their realities to be accessed and understood. And if that reality, at least in part, is oppression, by extension the single story does not allow for acknowledgement that the audience sometimes is an off-stage actor in that story.

As a film maker, I have encountered this kind of thinking over and over again.

Public TV station managers, film school graduates, and festival organizers have said, “No one wants to hear about economic policy. Here’s what you do. Find one migrant or a group of migrants about to cross the desert and follow them through that crossing. Audiences want to see people in a struggle with a clear beginning and a clear end. They want to be moved to tears.”

Or, they say, “You have too many stories going on here. What you need is focus. Find a migrant or a group of migrants . . . .”

Don’t open the movie with the word “atavistic.” No one knows what “atavistic” means. Don’t say “illegal.” That’s rude. Don’t compare the numbers of migrants who have died crossing the Sonora Desert with the numbers of people killed by the September 11 terrorist attacks and Hurricane Katrina. That’s insensitive. Don’t compare immigration to the Civil Rights Movement. That’s asking for trouble.

“Find a migrant or a group of migrants.” Follow the formula. Its freeze-dried and lasts forever. Add water and it will puff up nicely.

As an advocate, I also have found this kind of thinking over and over again. Just say “Comprehensive Immigration Reform.” Say it often. Its a simple script. Don’t deviate. Get a group of immigrants (well US citizens is fine because you can’t really tell the difference) together at a rally you organize off-stage. Get photos of them making signs that say, “Comprehensive Immigration Reform.” Then photograph them (on-stage) holding those signs at the rally.

Don’t say NAFTA. Too complicated. Don’t say prison industrial complex. Too hard to fix. Don’t say militarization of the border. Too far away. Where is Arizona anyway?

Use the formula. Add water.

But the formula–the single story formula–as Adichie said is dangerous. It keeps the storyteller rather than the person whose story is being told in the driver’s seat. It’s frustratingly condescending to and de-humanizing of both audiences and migrants. Its manipulative rather than collaborative. It keeps reality in all its messy complicatedness from getting to the political table. It prohibits rather than advances justice.

I think the people whose stories we tell, the people we say we are advocating for, deserve better.”

© Ellin Jimmerson, October 17, 20131375008_749002288447085_1542879360_n-1La Segunda Nevera. La Película. El Movimiento. Con Martin Sheen.

“La novelista nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie dio en el año 2009 una maravillosa conferencia TED en el que se describe el peligro de tener una historia única. Ella contó que, cuando era niña, las historias que escribía tenían personajes que juegan en la nieve, comían manzanas, bebían cerveza de jengibre, y se dio cuenta de lo bonito que era cuando salió el sol. Ella escribió cuentos imitando todas las historias inglesas que le habían dado a leer. Esas historias eran lo que ella pensaba eran historias.

Más tarde, en la universidad después de haber aprendido a escribir historias que nacen de la vida de una mujer de clase media de Nigeria, un profesor la reprendió por no escribir historias que fueran “auténticamente” de Nigeria, porque sus personajes conducían en automóviles y vivían en la ciudad.

Ella se empezó a sentir profundamente insegura sobre la “historia única”. Ya que esto quiere decir que no todas las personas que aparecen en la literatura comen manzanas y juegan en la nieve, y que no todos los nigerianos andan a pie de aquí para allá en las zonas rurales. La historia única es peligrosa, porque de ninguna manera permite la complejidad que hace que los seres humanos sean humanos. Y no permite llegar a sus realidades para ser entendido. Y si al menos una parte de esa realidad es la opresión, por extensión, la historia única no permite reconocer que el público es un actor fuera de la etapa de la historia.
Como cineasta, yo he encontrado este tipo de pensamiento una y otra vez.

Los gerentes de la estación de televisión pública, graduados de la escuela de cine y los organizadores del festival han dicho: “Nadie quiere oír hablar de la política económica. Esto es lo que hay que hacer. Encuentra un migrante o un grupo de inmigrantes a punto de cruzar el desierto y síguelos a través de ese cruce. El público quiere ver a la gente en una lucha desde un principio y tener un final claro. Ellos quieren conmoverse hasta las lágrimas”.

O dicen: “Tu tienes muchas historias que hacer aquí. Lo que necesitas es enfocarte. Encuentra un migrante o un grupo de migrantes ….”

No empieces la película con la palabra “atávica”. Nadie sabe lo que significa “atávicos”. No digas “ilegal”. Eso es grosero. No compares el número de migrantes que han muerto cruzando el desierto de Sonora, con el número de personas muertas por los ataques terroristas del 11 de septiembre y el huracán Katrina. Eso es insensible. No compares a la inmigración con el Movimiento de Derechos Civiles. Eso es innecesario.

“Encuentra un migrante o un grupo de migrantes.” Sigue la formula, encuentra el polvo de comida deshidratada. Agrega el agua, esto hará que se hidrate muy bien.

Como defensora, también he encontrado este tipo de pensamientos una y otra vez. Simplemente di: “Reforma Migratoria Integral”. Dilo frecuentemente. Es un simple argumento. No te desvíes. Consigue a un grupo de migrantes (pueden ser ciudadanos de EE.UU. está bien, porque realmente no se puede notar la diferencia), también organiza una reunión fuera del escenario. Obtén fotos de ellos haciendo señales que digan, “Reforma Integral de Inmigración.” Entonces hay que fotografiarlos (en el momento) mostrando las pancartas en la marcha.

No digas TLCAN. Demasiado complicado. No digas complejo industrial de prisiones. Muy difícil de arreglar. No digas militarización de la frontera. Demasiado lejos. ¿Dónde está Arizona de todas maneras?

Esta es la formula. Agrega agua.

Pero la fórmula – la fórmula de una historia única – como dijo Adichie es peligrosa. Se concentra en el narrador como figura principal en lugar de la persona cuya historia se está contando. Es condescendiente, frustrante y deshumanizador para ambos, el público y los migrantes. Es manipulativa en lugar de colaborativa. Mantiene la realidad atrapada en esta desordenada complejidad de llegar a la mesa política. Es prohibitivo en lugar de avanzar hacia la justicia.

Creo que las personas cuyas historias contamos, la gente a la que decimos estamos ayudando, merecen algo mejor.”

©Ellin Jimmerson, 2013
Traducido por Adryana Luna

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